miércoles, 8 de enero de 2014

principio de año y despedida







Hoy es un día de esos difíciles de olvidar, ni aunque viva los mismos que la persona que se acaba de ir, lo olvidaré.

Siempre hay una persona que marca de alguna manera tu vida, para bien o para mal, y en este caso siempre ha sido para bien, recuerdo en algún momento haberle dicho que escribía en un blog, aunque no supiera lo que exactamente fuera, una especie de diario virtual, le contesté, a lo que me respondió, escribe relatos, se te daría bien.

La literatura fue una de nuestras pasiones, le prometí que algún día escribiría sobre ella, pero mira, ha muerto, y lo que menos me apetece es escribir, de ella exactamente.

Por qué para mí ha sido y es (cuesta emplear el pasado, cuando siempre se refiere a alguien en presente) una persona increíble, la que más me ha apoyado, la que más ha creído en mí, la que yo siempre ponía mi esperanza de oír esa voz, la suya en concreto, aunque la artífice que impulso el que yo me operará fuera otra persona importante en mi vida, que tampoco está huelga decir.

Al menos se ha ido y sé cómo es su voz, la he entendido sin leerla los labios, la he cantado, susurrado, cuidado, la pena que me queda es que nunca la he podido hablar por teléfono, ese aparato de mierda que a todos nos facilita la vida, a mí se me resiste auditivamente.

No sé qué decir sobre ella, me queda la tristeza de no poder compartir el embarazo, si es que me quedo, que esa es otra, ni de que me aconsejará en ciertas cosas que aún no he vivido.

Sé que mis planes los sabe, mis sueños también, que luchará por ellos era siempre su consejo, que yo valgo demasiado para estar donde estoy, que me merezco lo que quiera, como si fuera tan fácil pienso, pero por ella lo intentaré.

De las últimas conversaciones le encanto el nombre elegido por nosotras para la niña, se sorprendió porque es el nombre de su marido, su hijo, sobrino y nieto, pero en versión femenina y nadie de la familia lo lleva.

Por ella lo intentaré todo.

Y como decía Concepción Arenal: “EL mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas, es imitarlas.

Así que sólo me queda eso, lo que me quede para intentar ser lo más parecida posible a ella.

A lo único que me aferro ahora mismo es que no sufrió, porque para ella como para mí el sufrimiento es peor que morir.

Me aferro a que estuvo con nosotros hasta el final.

Me aferro a su recuerdo.

Te quiero abuelita, más de lo que pensaba, acabo de descubrir que la palabra adiós, es una de la más difíciles de pronunciar y de sentir.

 
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