jueves, 26 de marzo de 2009

comparaciones

Todas las familias se parecen y siempre suelen asociar el comportamiento de alguien más pequeño a un adulto, por algo de las comparaciones, a mi ahijada en comportamiento la comparan conmigo y a la mayor también, esta físicamente, dicen de mi ahijada que es zurda como yo, que es celosa como lo era yo de pequeña, que deseaba lo que tenía mi hermana aunque lo mío fuera mejor, que tenía rabietas pero sobre todo nos comparan en el sentido de la manera graciosa que tenemos más ella que yo, por conseguir dinero, durante un tiempo el refrán de “sabe sacar dinero hasta debajo de las piedras”, si mis hermanos querían un masaje en la espalda y la menda con cinco años se subía encima para con los piececitos hacerles masajes luego quería a cambio un duro, que si mi padre me mandaba a la bodega a por vino, lo mismo, si jugábamos a las tiendas, yo quería una moneda a cambio de ese pastel echo con barro y flores.

La otra vez, en una de esas comidas familiares, vino mi sobrina con la hucha y la cartilla, a darme envidia del dinero que tenia en su cartilla, joder solté, no tiene seis años y ya tiene más dinero que yo, mi ahijada me puso debajo de mis narices la hucha para que aportara algo, ya apunta madera de próxima voluntaria de la cruz roja, me eche las manos a los bolsillos exageradamente intentando que entendiera que no llevaba nada, sus labios gordezuelos se movieron peligrosamente avisando de un inminente berrinche, lo cual salve a tiempo con un típico…. Mami, un euro please, que pensé que nunca más iba a volver a decir, situación salvada, se fue la niña con todo el orgullo que le cabía en tan pequeño cuerpo, pasillo arriba hasta su habitación donde escondió su tesoro, apunta maderas de Gollum futurista.


Pues si, me recordó a mi, es que esta cría se parece tanto a mi que da asquito, mi cuñada soltando perlas de su hija que mi hermana asentía y señalándome contaba alguna anécdota relativa al comentario de mi cuñada, vamos, resumiendo, me pusieron a parir, que si era una gamberra, que si una chivata, que si una celosa, perlas y perlas, hasta que salió el tema del dinero, de donde sacaba el dinero, cómo era que siempre tuviera para pipas y demás chuches e incluso que invitara a mis amiguitos, hasta que confesé, bueno, ya lo había confesado hacía años pero por lo visto está familia nunca recuerda las cosas, pero yo sí, recuerdo perfectamente con siete años, en busca de las llaves del coche de mi padre, que como siempre el despiste con patas lo perdió, y buscando el asiento trasero del SEAT 127 (vengo de familia pobre, qué se le va a hacer) se deslizo y yo detrás, casi me traga el coche, salí como pude de allí y al agarrarme encontré montón de monedas, chicles, ganchos, hasta un peine, la gente al sentarse detrás, en los laterales, del bolsillo del pantalón pasaba a la hucha del coche como acabé llamándola, mi padre no entendía que a partir de ahí mis visitas al coche aumentarán por momentos, todas las semanas, creo que los jueves me deslizaba sigilosamente mientras mi padre estaba distraído y con manos hábiles vaciaba todo lo que había ido cayendo a lo largo de la semana, y yo ayudaba, que venía un compañero de mi padre, yo empeñada en sentarme de copiloto, para que se pusieran detrás, fue la época más feliz de mi vida, sin exagerar, hasta que mi padre también lo descubrió y lo utilizo para transportar naranjas cuando iba solo o demás parafernalia verdulera.
También me dedicaba a vender los resguardos de la lotería de los moros del pueblo, de la comparsa, no los originales, no, el fajito que quedaba al arrancarlos, por un duro, me lo daban por que les hacia gracia, no por otra cosa, mi padre me arreo una bronca por eso, también hacia acrobacias con los patines agarrada a los guardabarros de los coches, cobrando entrada por el espectáculo pero el que vieron fue de las guantas que me dio mi padre cuando alguien del pueblo se chivo, y el circo acrobático fue cerrado.


Monté con mis amigas multitud de negocios, entre ellas lavado de coches a bajo precio, chica de los recados a cambio de otras pesetillas, e incluso fui cobaya de futuros estudiantes de medicina, yo es que no hacia nada gratis, todo tenía que ser canjeado, a veces incluso como mi familia es más seca y estirada, menos la menda, lo cambiaba por un abrazo, por un beso, por una caricia, por una mirada, pero de esos no abundaban, así que los robaba, y me convertí para mi familia en….. “la peajosa”.


Eso es lo que dice mi madre, que yo era más trasto de lo que parece mi ahijada, que no sé, no lo creo por que le noto ese brillo travieso en los ojos, el mismo que tenía yo y que a veces merodea y deja alguna de las suyas, aunque eso sí no creo que llegue a ser tan peajosa como lo fui yo ni tan zurda y bollera como yo, pero tiene trazas eh, esta apunta alto.

6 comentarios:

  1. Bueno, no has podido describir mejor en que consiste la resurreción ajaja, la herencia genética.

    Un saludo.

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  2. Bueno... la verdad es q tienes puesto el liston muy alto, asi q la pobre lo tendra dificil. Pero a poco q se parezca a su madrina... sera un encanto

    S.C.V

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  3. Muy buena la descripción genética y ¿casualidad? que hoy siendo jueves escribas estos recuerdos...mmmm echaré unas monedillas en la taberna.

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  4. serías un trasto pero eran unas trastadas simpaticas.. jaja besos

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  5. uy lo de bollera como tú todavía puede ser eh jaja tiempo al tiempo

    un saludazo guada

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  6. hola borde, la resurrección existe? entonces quiero volver siendo un...... ais, gracias por tu comentario
    besos
    bueno anónimo, creo que ya se quien eres,gracias por tu comentario, mi ahijada es un encanto, será mejor que yo, eso seguro, un besazo
    gádor, me quedo con tus moneditas, ves?la verdad es q no tengo casi nada de aquella chiquilla, salvo que sigo siendo traviesa, un beso, por cierto ya que estoy me tomo la libertad de linkarte, si te molesta avisa y quito
    otra vez besos
    jaja Esther, bueno lo de trasto pase jajaja, si lo era
    una más, pues habrá que esperar a ver si resulta que luego eso también se hereda
    besazos

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